Entre gustos, mejor evitar los disgustos

Técnicas para despertarle el interés.

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Por: Abcdelbebe.com
julio 31 de 2014 , 04:47 p.m.

Que a un adulto le guste o no un alimento depende de varios factores, entre estos que de niño haya tenido una mala experiencia con el mismo o, incluso, como lo explica Clara Inés Sandoval Borras, pediatra bioenergética, “puede ser debido a intolerancias con las que nacen las personas y, muchas veces, el mismo cuerpo rechaza algo que le puede hacer daño. Por ello cuando se obliga al niño a comer el alimento, lo más seguro es que se genere una intolerancia peor”. Esta es la razón por la que la pediatra afirma que el caso de cada niño es único, aunque hay algunas estrategias que se pueden tener en cuenta, como evitar las comidas ‘chatarra’.

“Las papilas gustativas son como terminaciones nerviosas que llevan información al cerebro. Entonces, cuando brindamos alimentos y salsas con colorantes y saborizantes artificiales, lo más seguro es que luego sientan insípidos los alimentos saludables bajos en sal y azúcar, y los rechacen”, asegura la doctora.

La experta agrega que en la alimentación complementaria se debe aprender a conocer con el niño, lo que a él le gusta y lo que no. “No se trata de regañarlo y tener un mal momento en torno al alimento, cuando no lo tolera, sino de buscar otro similar con las mismas propiedades nutricionales”, dice la pediatra bioenergética.

No obstante, los adultos no pueden ceder siempre. Así lo explica Nora Patricia Álvarez, experta en nutrición infantil, quien asegura que un alimento se debe ofrecer a un niño por lo menos de 20 a 25 veces, en diferentes preparaciones, así como en distintos días.

“La alimentación complementaria debe iniciarse entre los cuatro y seis meses, de acuerdo con la asesoría del nutricionista o pediatra. Se puede iniciar con alimentos triturados o en compotas, para que los niños empiecen a conocer nuevas texturas e incluir tanto frutas como verduras, para que identifiquen los diferentes sabores. Más adelante se tendrán que incluir alimentos más sólidos, como las carnes en trozos pequeños. En cualquier parte de este proceso, no importa si por el reflejo de extrusión, los bebés expulsan los alimentos. En este caso se debe insistir con paciencia”, comenta la nutricionista.

Lo ideal es agregar un alimento nuevo, por lo menos cada tercer día, para descubrir si el infante presenta algún tipo de intolerancia. Para ello, aconseja Álvarez, lo ideal es cocinar lo más natural posible, sin condimentos ni esencias aromáticas.

Asociaciones negativas y positivas

Según Álvarez, “si el niño estuvo con sonda puede ser más propenso a rechazar los alimentos, sobre todo cuando presentan tos, reflujo o vómito, porque se asocia con la sensación de ahogo”.

La experta afirma que los pequeños a veces no quieren probar un alimento cuando lo asocian a otros factores negativos, como una enfermedad. “Por ejemplo, hay niños que después de vomitar un alimento nunca vuelven a probarlo”, dice Álvarez.

Por su parte, la especialista en nutrición infantil y docente de la Universidad Industrial de Santander, Elizabeth Herrera Anaya, dice que los niños pueden aceptar más fácil los sabores dulces porque a algunos les recuerda la leche materna. Añade que “la aceptación de sabores y olores inicia en el útero, por lo que hay más probabilidad de que la madre que haya tenido una alimentación variada y balanceada, tenga un hijo que consuma más alimentos”.

Otros son los factores que pueden afectar el gusto, como no preparar los alimentos con cariño, alimentar al niño con disgusto o en horarios desordenados, u ofrecer lo que al adulto no le gusta. Incluso, “cuando de niños nunca nos dan un alimento, lo más seguro es que de adultos nunca nos vaya a gustar”, concluye Herrera y agrega algunos trucos prácticos.

Trucos a la mesa

• Aprender a conocer las aversiones y preferencias que los niños tienen, y servir pequeñas porciones de lo que ellos rechazan.

• Si rechaza un alimento, es buena estrategia ponerlo en la mesa sin servirlo en el plato del niño, solo para que él lo vea y se familiarice con el mismo. Y otro día, puede poner el alimento cerca del niño y dejar que lo coja con la mano si él lo desea.

• Se ha comprobado que el primer alimento que el niño coge o quiere probar es el que está en la parte inferior del lado izquierdo del plato. Así que se puede servir allí el alimento que el menor rechaza, en pequeñas porciones y de vez en cuando.

• Si el alimento definitivamente no le gusta al niño, no se amargue ni lo amargue a él, porque la reacción puede ser peor. Consulte con un experto para conocer otros alimentos con los que pueda reemplazar la comida indeseada.