Gordo y mal nutrido o flaco y sano

Los expertos dan indicaciones de cuándo consultar una malnutrición.

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Por: Karen Johana Sánchez
julio 31 de 2014 , 04:40 p.m.

Los padres aún suelen creer que entre más gordo esté un niño, bien nutrido estará. O, por el contrario, que cuando está muy delgado debe dársele de comer hasta que engorde.

Pero resulta que no siempre un niño fornido está en las mejores condiciones. Al contrario, existen factores que pueden estar afectando su salud. Por otro lado, puede que el pequeño flaco esté bien y no requiera extrema alimentación, pues hay condiciones que han influido en su contextura.

Ahora, para entender estas condiciones, primero es importante conocer el significado de un niño malnutrido y las implicaciones que tiene en la salud de cualquier infante.

“Es la alteración del estado nutricional, en donde confluyen los extremos de desnutrición y bajo peso y, por el otro lado, sobrepeso y obesidad. Ambos suelen cursar con carencias de vitaminas y minerales, como hierro, zinc, yodo, vitaminas A y D, que pueden afectar el metabolismo y funcionamiento normal del organismo”, explica la nutricionista Silvana Dadán, magíster en nutrición clínica, fellow en nutrición clínica pediátrica y coordinadora de la unidad de Gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica Gastronutriped, en Bogotá.

En la desnutrición, añade la experta, estas carencias se asocian con la ausencia casi total de la ingesta de alimentos, mientras que el exceso de peso puede deberse a alimentaciones desequilibradas con alimentos altos en calorías y sin nutrientes, paralelo a la ausencia de aquellos ricos en vitaminas y minerales.

Es decir, aclara Dadán, independientemente del peso y/o la talla, “lo más trascendental es que la malnutrición cursa con falta de vitaminas y minerales, que en el fondo son las que verdaderamente condicionan el funcionamiento (o mal funcionamiento) del organismo”.

Las dos balanzas

El exceso de peso, en ocasiones, “puede ocultar el verdadero estado nutricional del niño, y presentar un sobrepeso acompañado de deficiencias nutricionales (vitaminas y minerales), que es conocido hoy día como el hambre o desnutrición oculta”, dice Katerine Villa, nutricionista y directora de proyectos del Centro Colombiano de Nutrición Integral Cecni.

Es decir, el exceso de alimentación no significa buena nutrición, porque suele haber carencias de los elementos que un niño necesita para crecer y desarrollarse adecuadamente a nivel físico, intelectual y social.

Ahora, otro factor que indica que un niño gordo no está sano son las enfermedades que pueden estar asociadas a su obesidad, como problemas cardiovasculares, diabetes y hasta cáncer.

“Siempre el sobrepeso y la obesidad son factores predisponentes para otras enfermedades, como trastornos en las articulaciones, alteración en la mineralización ósea, aumento en la probabilidad de dislipidemia (colesterol alto y/o triglicéridos alterados), resistencia a la insulina, diabetes, pubertad precoz, síndrome metabólico, hipertensión arterial, hígado graso y, en el caso de las niñas, ovario poliquístico. También, debe descartarse que el niño tenga otras enfermedades como hipotiroidismo”, señala la doctora Silvana.

Para la nutricionista Villa, los niños que están sanos tienen un crecimiento y desarrollo constante y adecuado para su edad: “Si un niño aparentemente tiene un sobrepeso, pero es activo y tiene un peso y talla adecuados para su edad, está bien. Al contrario, si presenta signos como cansancio, falta de concentración, inactividad y fatiga, entre otros, se  debe consultar con el médico y ver qué está pasando.

Otro aspecto para evaluar es el emocional. Si el pequeño es introvertido, está a la defensiva, se aísla y es rechazado. O se aprovecha de su físico para imponerse sobre los demás, hay que evaluar su condición. Generalmente, dice Katerine Villa, “la obesidad con desnutrición o hambre oculta se reconoce tardíamente y, en ocasiones, con consecuencias severas. Algunos de los signos tempranos son: irritabilidad, apatía, cambios emocionales, inactividad, cansancio e infecciones
asociados a un sistema inmune débil. En cualquiera de estos casos es necesario acudir al médico. Los niños el primer año de vida deben ir cada mes a cita con el pediatra y después del año una o dos veces. Esto permite detectarlo rápidamente”.

Cabe anotar que es ideal que el niño con malnutrición tenga una consulta integral con un grupo interdisciplinario de especialistas (pediatra, endocrinólogo, nutricionista o nutriólogo, gastroenterólogo e, idealmente, un psicólogo clínico), para hacer un estudio, diagnóstico y tratamiento completo.

Por otro lado, un niño delgado no siempre está desnutrido. Si el indicador de talla para la edad y el peso es el adecuado, no hay por qué preocuparse. Los niños delgados y activos también son sanos, indica la nutricionista del Cecni.

Algunos niños, dice Dadán, “por su genética, herencia, contextura, composición de su flora intestinal, ritmo y cantidad de actividad física, alimentación variada, suelen ser delgados, longilíneos, pero tienen excelente respuesta en términos de resistencia a la actividad física, neurodesarrollo, rendimiento académico, defensas y en el control médico con diferentes herramientas (examen físico, laboratorios, entre otras) el niño resulta perfectamente sano”.

Los signos de alarma cuando el pequeño es delgado son: piel reseca, cabello y uñas delgadas, lesiones en la piel, especialmente en boca y ojos, infecciones recurrentes, irritabilidad, un desarrollo inadecuado con bajo rendimiento escolar, entre otros.

En ambos casos

Todo niño, independientemente de su contextura, debe asistir a los controles de crecimiento y desarrollo. El seguimiento se realiza por medio de los indicadores para peso y talla, y de los hábitos alimentarios. Según el diagnóstico del niño, dice la doctora Dadán, es fundamental “la valoración antropométrica, tomar peso y talla, pero asimismo hacer la valoración de la composición corporal, en términos de definir el componente muscular y la reserva de grasa del niño, y evaluar la distribución de ese componente graso para definir el riesgo metabólico, si está más o menos predispuesto a desarrollar resistencia a la insulina, hipertensión, etc.”.

Asimismo, aclara, es importante evaluar sus hábitos de alimentación; tipo de comidas y bebidas que consume, cantidad, porciones, horarios y sitios de consumo, para poder efectuar los cambios y ajustes pertinentes. Además,  deben tomarse ciertos exámenes, según el caso.