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Reanimación, una maniobra de vida

Reanimación, una maniobra de vida
Martes, 3 Octubre 2006 - 7:34pm
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Los golpes fuertes, el atoramiento y el ahogamiento pueden ocasionar un paro cardiorrespiratorio en los niños y es allí cuando se requiere con urgencia un procedimiento de reanimación o resucitación.

Aunque el paro es poco usual en los menores de tres años y generalmente obedece a cardiopatías congénitas, sí se presenta en casos como los mencionados.

Por lo anterior, todos los adultos involucrados en su cuidado (padres, maestros y niñeras) deben conocer las técnicas primarias de reanimación.

Resucitación en tres pasos

Evaluar la vía aéreaGeneralmente, al sufrir el paro cardiorrespiratorio el niño pierde el sentido, así que lo primero es verificar si está o no respirando. Cuando queda inconsciente, los músculos se relajan y la lengua tiende a caer hacia atrás, por lo cual es conveniente tomar la mandíbula o quijada del pequeño entre los dedos índice y pulgar de la mano y con un movimiento suave y firme llevarla hacia delante, de modo que se libere la vía aérea en la parte posterior.

Si es por ahogamiento, hay que evacuar la mayor cantidad de agua. En caso de vómito, limpiar rápidamente la cavidad bucal y revisar si hubo broncoaspiración, es decir, si el niño tragó parte de su vómito y este fue a las vías respiratorias. Ventilación Siempre se debe poner la boca sobre la del niño; si es muy pequeño, se puede cubrir la nariz. Lo ideal es que no haya escapes al momento de botar el aire; como un niño tiene menor capacidad pulmonar que el adulto, no hay que expulsar el aire tan fuerte.

La ventilación, explica el pediatra Claude Jeanneret, es fundamental, pues muchas veces con este procedimiento el niño puede reiniciar su proceso de respiración espontáneamente.

Durante esta maniobra es clave mirar que cuando se le dé respiración al niño, el pecho se levante para asegurase de la efectividad de la misma. Masaje cardíaco

Durante la respiración boca a boca, es indispensable comprobar si hay pulso o no. Esto se hace poniendo los dedos sobre la carótida (arterias que pasan a lado y lado de la tráquea) o sobre la arteria radial (la muñeca), pero es mucho más fácil y rápido en el cuello.

Si la causa del paro es un trauma (golpe severo) hay que tener cuidado el cuello, evitando extenderlo de forma brusca porque se desconoce el estado de la columna cervical y se puede causar un daño serio y permanente al pequeño, que estará representado en la capacidad de movimiento de sus extremidades, principalmente.

Teniendo esto claro, y luego de la respiración inicial, se debe iniciar la maniobra de compresión o masaje cardíaco, que para los niños se ejecuta sobre el hueso del esternón en la unión entre el tercio inferior y los dos tercios superiores, que es la parte media de la caja torácica. No se hace sobre la parte izquierda como se acostumbra con adultos, pues la resistencia de la caja torácica es diferente.

Para el masaje se utilizan los dedos índice y medio y se deben contar entre 80 y 100 compresiones por minuto, ya que la frecuencia cardiaca de los niños es más alta que en los adultos.

Generalmente, por cada cinco compresiones se debe hacer una ventilación o respiración en caso de que solo sea un adulto el que atiende al pequeño, pero si son dos personas, la respiración debe ser constante.

La presión de los dedos sobre el esternón debe ser media, pues el tórax de los niños es más elástico. Con cada compresión, apenas se debe producir un acortamiento de un tercio de la cavidad torácica.

Cuando el menor se recupere, no es conveniente ofrecerle alimentos o bebidas y llevarlo de emergencia a un centro médico, en lo posible en una ambulancia medicalizada, para que sea estabilizado totalmente.

Casi siempre, los niños que sufren un paro cardiorrespiratorio son hospitalizados y sometidos a diferentes exámenes médicos para determinar su estado general de salud y verificar que no se haya causado un daño neurológico, pues después de cinco minutos de no recibir oxígeno el cerebro puede sufrir daños irreparables.

Cómo reanimar un niño que cae al agua

Verifique si hay respuesta de parte del niño. Observe si se mueve o hace algún ruido. Formule alguna pregunta para verificar si hay conciencia. Busque ayuda urgente. Acueste al niño de espaldas y abra la vía respiratoria, levantándole la barbilla con una mano, mientras empuja hacia abajo la frente con la otra mano. Si aún no hay respiración, cubra firmemente con su boca la boca del menor, cierre la nariz apretando con los dedos. Manténgale la barbilla levantada y la cabeza inclinada. Sople dos veces lentamente. No dé soplidos grandes, completos y fuertes. Observe si hay señales de respiración normal, tos o movimiento. Si todavía no tiene señales de respiración, tos o movimientos, inicie compresiones de pecho. Presione en la mitad del pecho, de tal manera que se presione rápidamente entre 1/3 y 1/2 de su profundidad. Cuente las compresiones rápidamente: “1, 2, 3, 4, 5” y aplique una respiración lenta y profunda. Hágalo continuamente por un minuto y revise de nuevo si hay señales de circulación y respiración. Si no presenta respiración normal, tos o algún movimiento, insista en trasladarlo al servicio médico, sin dejar de repetir este procedimiento.

En el silencio

Se le conoce como muerte silenciosa porque los niños, al caer al agua, se precipitan inmediatamente al fondo, sin escucharse un chapoteo, ni un grito o pedido de auxilio, ahogándose en silencio.

1. El niño cae al agua.

2. Se cierra la glotis.

3. La respiración se detiene.

4. Aumenta progresivamente el gas carbónico en el cuerpo por falta de oxígeno.

5. El sistema nervioso responde al gas carbónico y obliga al cuerpo a inspirar fuertemente.

6. Se relajan los músculos.

7. Se abre la glotis.

8. Entra agua a los pulmones.

9. No hay intercambio de oxígeno.

10. Los tejidos entran en hipoxia (baja de oxígeno).

11. Las células más sensibles se hinchan y empieza la muerte celular. La muerte de las neuronas empieza después de un minuto de anoxia, es decir, ausencia de oxígeno. Después de dos minutos bajo el agua, los daños cerebrales empiezan a ser irreversibles.

Catalina Suárez MeloEspecial para ABC del Bebé

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