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Recupere su cuerpo después del parto con la dieta indígena

Recupere su cuerpo después del parto con la dieta indígena
Lunes, 5 Febrero 2007 - 3:02pm
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Las mujeres indígenas, a través de su conocimiento ancestral, tienen un cuidado especial en el posparto, que les permite una rápida recuperación. Otra opción que algunos ginecoobstetras están empleando con sus pacientes.

Tan solo un par de días después de dar a luz, las mujeres salen a hacer las compras de la casa, o llevan al recién nacido al pediatra, por el deseo de no ‘inutilizarse’, quieren retomar sus vidas con normalidad.

Esta conducta de ejecutivas posmodernas va en contravía de la cultura tradicional indígena, que considera el puerperio (los 40 días posparto) como una etapa en la que la mujer debe ser premiada y consentida con descanso, buena alimentación y, en general, con los cuidados que le permitan recuperar nuevamente la anatomía y fisiología normal de su cuerpo, después de los cambios a los que se vio expuesta durante la gestación.

En el posparto la mujer tiene el útero aumentado siete veces en su tamaño normal, los senos están cargados de leche y la herida de la episiotomía o de la cesárea aún duelen.

Por eso, para esta cultura tradicional, la decisión de rehacer rápidamente la cotidianidad es como pedirle a un motor gastado que recorra miles de kilómetros.

Calor y frío, el equilibrio natural

Para los médicos indígenas de Latinoamérica, la estabilidad térmica es uno de los principios básicos para preservar la salud. Los seres humanos estamos expuestos cotidianamente a factores externos que generan frío y calor, los cuales promueven el equilibrio o el desequilibrio en el funcionamiento del organismo. La mujer, durante el embarazo, sufre un proceso de calentamiento necesario para dar origen a una nueva vida, podríamos decir que es como un horno de barro que se calienta durante nueve meses. Basta con preguntarle a una gestante sobre la sensación que percibe durante este tiempo, y muchas contestarán que tienen calor constante e incluso se ven obligadas a consumir líquidos o hielo, para sentirse más frescas, señala el pediatra Álvaro García M., que trabaja con este tipo de medicina tradicional hace cerca de diez años.

Cuando la mujer da a luz, el útero se abre y de ese ‘horno’ se expulsa el recién nacido, la placenta y abundante sangrado, que generan en ella una pérdida importante de energía. Esta condición, unida a la situación del útero abierto luego del parto, facilita el ingreso de frío en el cuerpo, y así se corre el riesgo de romper esta igualdad.

Es por esto, que en la medicina tradicional indígena se tiene tanto celo, al guardar la ‘dieta’, y por eso, el cuidado de este período, al igual que la menstruación, son fundamentales para que la mujer preserve una sana experiencia de vida. En algunos hospitales el manejo inmediato, luego del parto, es bañar a las madres y poner hielo en el abdomen para que se contraiga el útero.

Comienza la ‘dieta’

Natalia es la joven madre de una pequeña de 2 años y recuerda que unas semanas antes de dar a luz, la ginecóloga le propuso un inusual método de recuperación durante el posparto. Le habló sobre la dieta de la medicina tradicional indígena y le aseguró que le ayudaría a recuperar la forma con facilidad, además de evitar enfermedades para ella y su bebé, propias de esta etapa.

“Mi ginecóloga fue la persona más dedicada a mí y dije: si ella es tan buena médica, me va a mandar algo bueno. Me planteó que las indígenas tenían menos problemas en el parto futuras menstruaciones y en la menopausia. Yo pensé: por qué no confiar en ella?”. Y dos años después, Natalia siente que no se equivocó al seguir este tratamiento: “me hicieron hace poco una ecografía abdominal y el médico pensó que yo no era mamá.

Cuando le dije que mi hija tiene 2 años, me aseguró que nunca había visto un útero tan bien recuperado y contraído. Este método te permite entender que uno necesita hacer una cantidad de cosas para volver al estado normal. Vale la pena, porque son sacrificios por uno y para el futuro, para la madre y el bebé”.

La rutina

Día del 1 – 7: según recomienda el médico Álvaro García, la mamá debe quedarse en casa y no salir en ningún momento a la calle. Por ejemplo, cuando la bebé de Natalia debía ir a chequeos con el pediatra, era el esposo quien la llevaba.Debe solo asearse con una toalla empapada en agua de plantas ‘calientes’, no bañarse, por cuanto la naturaleza del agua es fría.Es preferible no consumir frutas, verduras y bebidas frías. Día 8 – 21: la madre continúa sin comer frutas, verduras y alimentos helados. Puede comenzar a bañarse el cuerpo cada dos días, juagándose luego con cocimiento de aguas calientes. Día 22-40: la mujer puede empezar a salir, muy bien abrigada, entre las nueve de la mañana y las cuatro de la tarde, porque antes o después la temperatura es más baja.La alimentación vuelve a la normalidad y solo tiene restringido el consumo de alimentos helados. Se recupera el baño ordinario.

Natalia recuerda que estas normas no fueron problema para ella. Una sola recomendación le generó desazón: “el día 40 tuve que tomar cincuenta hojas de saúco, tuve que licuarlas en muy poca agua y me lo tomaba de un sorbo. Me sentí como un ‘zapato’ todo el día, solo podía tomar aguadepanela cruda (dejar desde un día antes que la panela se deshaga en el agua) y después de las seis de la tarde debía comer piña y me la comí entera, del hambre que tenía”.

Esta es una purga de saúco que se realiza al final del puerperio y que cierra un ciclo vital de la mujer, consideran los indígenas.

Mirada occidental

El ginecoobstetra Édgar Acuña, jefe de la Unidad Materno Fetal del Hospital San José, considera que estos principios indígenas no se practican en la medicina occidental, porque no hay soporte científicao para atribuirle al calor y al frío las propiedades para equilibrar el organismo. “A los tres o cuatro días la mujer puede salir a la calle y bañarse sin problema”, dice el especialista, quien tampoco recomienda reposo absoluto, porque las mujeres que acaban de dar a luz tienen riesgo de sufrir desprendimiento de coágulos sanguíneos, que pueden acabar en los pulmones.

"…desnudarse en el parto para nosotras es sinónimo de muerte. Cuando una mujer embarazada va a un centro de salud, la primera orden que recibe es ‘quítate la ropa’; en ese instante ya se ha creado la barrera entre el médico y la mujer aymara, porque las mujeres aymaras pensamos que en el momento del parto hay una apertura de todo el cuerpo, si nuestro cuerpo se ha abierto debemos cubrirnos mucho más porque nos puede penetrar el frío. La penetración del frío derivará en una enfermedad...”

Martha Gonzáles Cochi, Pueblo Aymara, Bolivia. Extraído del boletín indígena de la Organización Panamericanade la Salud, mayo de 2004.

Juliana Rojas H.Redactora ABC del bebé.

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