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En estos primeros días de regreso al colegio, por dormir 15 minutos más (que en realidad fueron 60), a veces los niños ni llevan los útiles o las tareas que les asignan. Este drama cotidiano tiene una explicación: el sueño de su hijo se desprogramó durante las vacaciones.
Todas las mañanas se repite la misma escena: suena el despertador, pero su hijo pide unos minutos más que se convierten en media y, a veces, hasta en una hora.
El alarido de alguno de los dos papás: ‘Se nos hizo tarde para ir al paradero de la ruta’, no se hace esperar.
El niño se levanta. Se baña a toda velocidad y, de pronto, medio desayuna. Incluso ¡se pone el saco del uniforme, las medias y se amarra los zapatos en el bus!
El asunto se debe a lo que los especialistas llaman falta de higiene del sueño. Es decir, “una rutina previa al acostarse, que permite que el menor, por sí mismo, programe la conciliación del sueño, todos los días a la misma hora, para que no sufra al día siguiente cuando deba levantarse para ir a clase”, explica la sicóloga experta en desarrollo y crianza, Cecilia Zuleta.
¿Cómo se corrige?
Para que el niño vaya a la cama de manera autónoma, la guía de los padres es fundamental, pues él sigue los hábitos creados por ellos. Si se acuestan a ver televisión hasta altas horas de la noche, el pequeño hará lo mismo.
“El televisor relaja el cuerpo pero no la mente. El niño que concilia el sueño viendo televisión, no solo se vuelve dependiente a él antes de dormir, sino que también se acuesta activo y sobreestimulado por la luz, los sonidos y las imágenes”, agrega Zuleta.
Depende del hogar
El éxito de la rutina del sueño que siga el menor no solo depende de cuán temprano los padres se la planteen. Sino, de los buenos hábitos que se sigan en el hogar.
“Como el niño come y debe esperar una hora para dormirse, entonces se pone la pijama, lava sus dientes, lee un cuento dentro de la cama, reza (según el caso) o juega con un rompecabezas. Todas son actividades encadenadas, pues una lleva a la otra. Al final de la rutina, seguramente ya ha pasado una hora, el calor de las cobijas lo ha arrullado y se ha relajado. Por eso concilia el sueño en tanto apaga la luz”, asegura la sicóloga.
Desde los 6 meses
Asimismo, es importante tratar de generar hábitos luego de los seis meses de vida del menor. Antes de esta edad, el contacto piel con piel, reconfortarlo, alzarlo en los brazos y satisfacer sus necesidades básicas -como el sueño- no lo va a malcriar. Al contrario, lo dotará de confianza y más adelante exigirá menos atención de los padres.
“Desde los 4 meses de vida, el niño debe comenzar a dormir en un cuarto aparte de sus padres. A esta época el riesgo de que el menor sufra de muerte súbita es casi nulo”, puntualiza la neuropediatra Olga Lucía Casasbuenas Alarcón, coordinadora Nacional de Neuropediatría de Colsánitas.
A la hora de programar el sueño de sus hijos, tenga en cuenta:
Pilar Bolívar Carreño
Redactora ABC del Bebé
