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ABC del Bebé edición 110

La atención que recibe un niño desde su gestación hasta sus primeros cinco años de vida es trascendental. La evidencia científica demuestra que en esta etapa, en la que se dan los principales desarrollos físicos y cognitivos del ser humano, los estímulos que reciben los niños en alimentación, afecto y potencialización de sus habilidades cognitivas —por medio de la lectura, la música y el juego, por ejemplo– tienen efectos muy importantes para el resto de sus vidas.

 

En este periodo hay uno aun más significativo: el de los primeros mil días, esos que ocurren entre la gestación (270 días) y los primeros dos años del niño (730 días). Este tiempo es considerado una ventana de oportunidad: con la correcta nutrición, primero de la madre y luego del niño, así como con los estímulos correctos del juego y el afecto, se puede abonar el camino para un buen inicio de la existencia. Para ello, lo primero es garantizar que los niños no nazcan con desventaja, es decir, asegurar que lleguen al mundo con un peso adecuado, ojalá superior a los 3000 gramos. 

 

Esto también implica centrar las políticas públicas en la madre, proteger su acceso a los controles prenatales, a la suplementación, al parto institucionalizado, entre otros.

Una vez nace el niño, la lactancia materna juega un papel vital: ¡es el principal antídoto contra la desnutrición!, y el alimento más nutritivo y completo que puede recibir. En Colombia, el promedio de tiempo de lactancia materna exclusiva es muy bajo: solo 1,8 meses (Encuesta Nacional de la Situación Nutricional- ENSIN, 2010).

 

¿Cuántas muertes por desnutrición en menores de dos años nos evitaríamos si fuéramos más conscientes de la importancia de esta práctica? La leche materna contiene todos los nutrientes que un bebé necesita en sus primeros meses: previene enfermedades, fortalece su sistema inmune, permite un vínculo de cercanía con la madre. Nuestra meta como país, también planteada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es que para 2030 ningún niño colombiano menor de cinco años padezca desnutrición crónica.

 

Esto conlleva bajar el indicador actual de 13,2 por ciento (ENSIN, 2010) a 2,3 por ciento, que es el punto en el cual la Organización Mundial de la Salud considera que deja de presentarse desnutrición por hambre. Por eso es necesario actuar en varios frentes: además de garantizar la lactancia durante los dos primeros años, es necesario brindar una atención integral que articule nutrición, salud (mental y física) y acceso a educación de calidad hasta los cinco años.

James Heckman, el premio nóbel de Economía experto en inversión en primera infancia, dice: “es necesario invertir en un paquete fortalecido de desarrollo infantil temprano que incluya destrezas cognitivas y habilidades sociales para generar el éxito individual y (en el) conjunto de la sociedad”.

 

Heckman ha afirmado que las inversiones que haga el Estado durante los primeros años de vida son las que más altas tasas de retorno tienen para el individuo y la sociedad. La apuesta no es solo por salvar las vidas de nuestros niños de la trampa de la desnutrición, sino por garantizar que disfrutarán de sus capacidades. Es un reto por un país mejor que no decide la suerte de sus niños por la cuna en la que nacen.

 

 

 

No. Edición: 
110
Fecha de la edición: 
Martes, 24 Mayo 2016 (Todo el día)