Los espacios llamados por algunos investigadores “salas útero” se basan en la obvia idea de que el mejor lugar para un bebé prematuro sería uno donde el infante se desarrolle en un ambiente como un capullo y que imite la mayor cantidad de cualidades de la matriz: sueño ininterrumpido, luz indirecta, contacto piel a piel y que escuche sólo las voces de los padres.