Síguenos en:

  • ANTES DEL EMBARAZO
  • EMBARAZO
  • BEBÉ
  • NIÑO

¿Ya estás registrado? Ingresa aquí

Patrocinado por:

Técnicas para llevar al bebé de la cuna a la cama

Técnicas para llevar al bebé de la cuna a la cama
Martes, 15 Mayo 2007 - 7:30pm
0

Comentarios

Comparte este artículo

Por comodidad para la madre durante la lactancia o por la misma novedad que significa para la familia la llegada de un bebé, los padres suelen dejarlo en la cama nupcial durante algunos meses.

Sin embargo, a partir del cuarto o quinto mes lo ideal es que el pequeño ocupe su propio cuarto.

La razón: el niño necesita crear desde temprano el hábito de la individualidad. Y la primera forma de ayudarlo es separarlo de sus padres a la hora de dormir.

“Hacia los cuatro meses el bebé está listo para pasar a su cuarto porque ya tiene rutinas de alimentación. Seguramente ya pasa la noche completa sin despertarse y, además, ya tiene los primeros mecanismos de protección y puede moverse”, comenta la sicóloga especialista en desarrollo infantil Cecilia Zuleta.

El traslado del bebé, de la cama a la cuna, es todo un reto. No solo para el chiquillo, sino también para los padres, que deben superar el miedo de tener a su bebé lejos y la angustia de separarse de él. “Ese sentimiento es válido, pero es recomendable que se sobrepongan y entiendan que es lo mejor para el pequeño”, añade la sicóloga.

¿Cómo proceder?

Lo primero que hay que hacer es organizar adecuadamente el cuarto del bebé. La habitación debe ser iluminada y se aconseja tener una luz de noche. También debe ser un espacio cálido, sin humedad. La cuna tiene que ser segura. No es correcto poner almohadas de plumas porque la cabeza del bebé se puede hundir. Si le es posible, utilice intercomunicadores para poner en la habitación del pequeño y escuchar cuando se despierte o llore. Hay dispositivos avanzados con video o incluso que monitorean la respiración.

La separación es buena

A los 4 meses de edad el bebé no va a experimentar ningún miedo por dormir solo. Es posible que sienta una especie de separación, pero a los pocos días se va a acostumbrar. En cambio, si por ejemplo el niño duerme junto a los padres hasta los 2 años, va a ser más difícil el proceso de irse a otro cuarto. Para entonces, ya habrá adquirido una serie de rutinas y no podrá conciliar el sueño una vez se sienta solo.

Tampoco es conveniente dejarlo dormir unos días en su cuarto y otros con los padres, pues es posible que se genere una inseguridad en el menor.

Tenga en cuenta que “las dos primeras noches el bebé puede tener problemas para dormirse mientras se habitúa a su nuevo entorno”, asegura Zuleta.

En todo caso, es preferible dejarlo llorar un poco para acostumbrarlo a su propio espacio. Porque las consecuencias por no sacarlo del cuarto de los padres pueden generar traumas severos: generalmente son pequeños más temerosos y propensos a las pesadillas nocturnas y menos independientes. Además, se altera la relación de pareja porque no son posibles los momentos de intimidad.

A los dos años: un nuevo cambio

A los dos años el niño debe dejar su cuna para pasar a la cama. “Casi siempre, a esta edad, la cuna les queda pequeña y además corren peligro porque pueden encaramarse y lanzarse al piso”, señala la especialista Cecilia Zuleta.

Para esta mudanza no es necesario poner barandas en la cama del niño, porque ellos aprenden a manejar el espacio del colchón rápidamente. Para evitar caídas, durante las primeras semanas de cambio es recomendable poner cojines alrededor del pequeño o algún otro mecanismo de seguridad.

Es importante también verificar que la cama no sea muy alta. Tampoco debe tener esquinas puntiagudas para evitar el riesgo de accidentes. Si el menor protesta por irse de la cuna, los padres deben venderle la idea de la cama y hacer que sea atractiva, como por ejemplo, cubrirla con un edredón del personaje que más le guste al niño. También es adecuado dejarle participar en las decisiones: que elija los colores, los estampados, las cobijas, etc.

Ojo a los trastornos del sueño

En los niños, las alteraciones en la cantidad de sueño, cuando es demasiado (narcolepsia) o muy poco (insomnio), pueden ser producto de un ambiente inadecuado.

Esta dificultad en la crianza se normaliza si el niño se acostumbra a cumplir determinados hábitos, por ejemplo leerle un cuento antes de dormir.

Los movimientos nocturnos se deben a que el sistema nervioso y motor está activo. De 2 a 4 años es natural que los pequeños se sobresalten mientras pasan de la vigilia a la somnolencia. También son frecuentes las pesadillas.

Los terrores nocturnos se diferencian porque se presentan en un estado del sueño en el que no hay conciencia sobre el episodio. Estos trastornos suelen tener un carácter hereditario. Además, son parte de la niñez. Por lo general, desaparecen en la adolescencia.

Por Juan David Cárdenas P.Redactor ABC del bebé.

Comparte este artículo

Suscripciones

¡Ahorra hasta un

25%

por un año!

alo

Herramientas

Te ayudará a llevar el registro de las vacunas que debes aplicarle a tu hijo en cada etapa de crecimiento. Esta herramienta está asociada a la información de los hijos registrados.

Publicidad