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Técnicas y medicamentos que se utilizan para que el trabajo de parto no se convierta en una pesadilla

Técnicas y medicamentos que se utilizan para que el trabajo de parto no se convierta en una pesadilla
Jueves, 22 Octubre 2009 - 3:59pm
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No solo los procedimientos que se utilizan para aliviar el dolor son efectivos; también es necesario un lugar y un médico que cuenten con la capacidad y la certificación para hacerlo.

Después de probar la manzana del conocimiento, Eva no sólo fue desterrada del paraíso, sino que además Dios la sentenció a parir sus hijos “con dolor”. Por fortuna, la condena hoy no se aplica a las madres con todo su rigor, pues la medicina les ofrece varias alternativas para que manejen y supriman el dolor y las molestias propias del parto.

Sandra Flórez, anestesióloga, especialista en dolor y profesora de la Universidad de la Sabana, explica que el dolor del parto se divide en dos: “En las fases iniciales, duele la contracción del útero y en la fase final, cuando el bebé se encuentra en el canal del parto, duele la distensión de todas las estructuras de la pelvis y del piso pélvico, para que el bebé pueda nacer”.

El trabajo de parto se inicia cuando se desprende el tapón mucoso, que está localizado en el orificio cervical y es muy rico en prostaglandinas. Estas sustancias inflamatorias tienen como función sensibilizar el músculo y generar la contracción muscular. 

“Así que para controlar el dolor de las contracciones se utilizan distintas intervenciones analgésicas, que incluyen la aplicación de anestésicos locales en dosis apropiadas para disminuir la intensidad dolorosa sin detener el trabajo de parto; también se pueden utilizar analgésicos opioides por vía intravenosa, peridural o subaracnoidea”, dice la especialista. Cuando se requiere  suprimir en su totalidad la señal dolorosa, como en caso de una cesárea o un parto instrumentado (colocación de espátulas), se usan técnicas anestésicas, que pueden ser regionales (de la cintura hacia abajo) o generales, de acuerdo con la condición clínica del paciente y al criterio del anestesiólogo.

La analgesia se puede empezar a usar desde fases muy precoces del trabajo de parto. “Teníamos la concepción errónea de que si colocábamos la analgesia tempranamente, se detenía  el trabajo de parto y terminaba en cesárea. Eso no es necesariamente cierto.

“Hay técnicas y medicamentos específicos que se pueden poner desde las primeras contracciones sin que alteren la motilidad del músculo uterino”, dice Flórez.

 

Los medicamentos1. Opioides. Son sustancias sintéticas o  naturales derivadas del opio que actúan en receptores del organismo  causando disminución de la intensidad dolorosa.

Durante el trabajo de parto, el estímulo de dolor que se inicia en la pelvis sube al cerebro y activa unas estructuras cerebrales que permiten detectar e interpretar el dolor. Cuando se aplica un opioide él se encarga de inhibir y atenuar esas señales de transmisión del dolor que van hacia el cerebro; adicionalmente aumenta las concentraciones de unas sustancias en el cerebro que hacen que se produzca una respuesta analgésica moduladora del dolor.

2. Anestésicos locales. Son medicamentos que actúan en los canales de sodio, los cuales intervienen con la transmisión nerviosa. Al aplicar un anestésico local, este se pega al canal de sodio, actúa directamente sobre él e impide que la señal dolorosa llegue al cerebro.

Se aplican dependiendo de la fase del trabajo de parto, el anestesiólogo decide si utiliza mayor o menor concentración y volumen del medicamento, para que al comienzo del trabajo de parto se produzca sólo analgesia (control del dolor) y más tarde por esa misma vía, si es necesario,  darle anestesia (bloquear el dolor) a la mamá.

 

Las vías de uso Estos medicamentos se administran por vía venosa, subaracnoidea (que es la que se conoce popularmente como raquídea) o por vía epidural.

Tanto la subaracnoidea como la epidural se colocan en la zona lumbar de la columna vertebral. La diferencia es la profundidad, la cantidad de medicamento y la rapidez con que actúa. “En la subaracnoidea se pasa una membrana muy delgada llamada duramadre (es la capa que recubre la médula espinal) donde se encuentra el líquido cefalorraquídeo, ello permite que actúe más rápido; a diferencia de la epidural, que es más externa”, explica la especialista. Los medicamentos que se utilizan por estas vías no alcanzan concentraciones en la sangre del bebé, lo que constituye una ventaja.

Durante el trabajo de parto se puede usar una u otra; aunque en algunos casos se usan técnicas combinadas. Por ejemplo, al principio se puede poner una dosis pequeña de opioide, que no produce bloqueo motor (significa que no se pierde la movilidad de las piernas) y sí brinda una buena calidad de analgesia.

Una vez se ha aplicado, se deja un catéter peridural; es decir, un cable en el mismo lugar donde se aplicó la primera analgesia  y más tarde, si la mujer necesita un refuerzo, se le pone una dosis de anestésico local.

“Se pueden poner dosis únicas o dosis repetidas. Cuando hay trabajos de parto muy largos, se pueden poner infusiones continuas (gota a gota va pasando el medicamento al organismo de la mujer) o bolos (son dosis adicionales intermitentes). Eso depende de la institución y de los protocolos que maneja; también de la fase de parto, porque si la madre llega con 8 o 9 centímetros de dilatación, seguramente con una dosis única va a ser suficiente; pero, si llega sólo con 2, probablemente va a necesitar varias dosis o una infusión continua”, señala la doctora Florez.

Es importante destacar que en el sistema de salud colombiano las mujeres tienen derecho a solicitar analgesia para el parto. Sin embargo, algunas aseguradoras  no reconocen el derecho y “las madres deben saber que si sienten dolor, tienen el derecho de que ese dolor se les alivie”, indica la especialista.

 

ComplicacionesLas complicaciones asociadas a estas técnicas son mínimas. Aún así, es probable que se produzca una cefalea postpunción; es decir, dolor de cabeza después de que se ha aplicado la analgesia epidural, pues a pesar de que en esta técnica no se pretende traspasar la duramadre, puede suceder por accidente, con lo cual se produce dolor de cuello, náuseas y un dolor de cabeza muy incómodo, que puede durar hasta una semana. Aparece cuando la mujer se sienta y desaparece cuando está quieta, pero con un bebé recién nacido es imposible pedirle que se esté quieta.

“Cuando intencionalmente se punciona la duramadre, se hace con agujas tan delgadas como un cabello; cuando se usa aplica una peridural, se usan unas agujas de mayor calibre . Si  durante una técnica peridural  se punciona la duramadre, se aumenta la probabilidad de que aparezca el dolor de cabeza”, sostiene la experta.

Para aliviarlo, se puede aplicar un parche hemático. Este consiste en tomar una muestra de sangre en el antebrazo de la madre (de 10 a 20 centímetros cúbicos), después de las primeras 24 horas del parto, y con la misma técnica de la epidural, en el mismo lugar y bajo las mismas condiciones sanitarias, se pone la sangre.

“Lo que uno espera con esa sangre es que se forme un coágulo y tape el orificio que abrió la aguja, pues ese dolor de cabeza se produce porque hay una fuga del líquido cefalorraquídeo, entonces se baja la presión dentro del cráneo. Así, al tapar ese espacio, el líquido cefalorraquídeo vuelve a su presión normal y se alivia el dolor”, asegura la doctora Flórez.

 

Mitos Es usual que las personas le tengan miedo a quedar parapléjicas o con dolor de espalda toda la vida por la punción en la espalda. Pero deben tener claro que son agujas delgadas, de uso único, hechas con los más altos estándares de calidad y que en las manos de un anestesiólogo profesional cumplen a cabalidad y de manera perfecta su misión. La posibilidad de lesión neurológica después de una técnica regional es muy baja. Lo importante es estar en manos de profesionales especializados y en instituciones que cuenten con la monitoría adecuada y los estándares de seguridad requeridos.

Por Melissa Serrato Ramírez

Redactora ABC del bebé

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