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Entre los 3 y los 6 años de edad los niños pueden experimentar un complejo en el que se identifican con el padre del sexo opuesto. Si no se trata correctamente, ocasiona problemas en la pareja.
La dificultad para defecar, acompañada de dolor, es un signo claro de la enfermedad. Si después de tres días el menor no ha evacuado, hay que consultar.
Aunque los bebés carezcan de preocupaciones, también tienen problemas para dormir e incluso sufren pesadillas.