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Para que tengan una imagen positiva de sí mismos, hay que aceptarlos como son; no exigirles más de la cuenta y darles afecto.
Así como existen niños que son sometidos a niveles excesivos de estimulación (sobreestimulados), también hay otros que, por el contrario, carecen completamente de ella.
Desde que el bebé empieza a crecer dentro del útero de la madre recibe estímulos. Los sonidos, los movimientos y hasta los olores se vuelven importantes para el desarrollo de ese nuevo ser.