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La llegada de un bebé supone cambios físicos y emocionales que alteran los estados de ánimo de la mujer. Si estos persisten, es necesario consultar con el médico.
Infelicidad con el nuevo papel de madre, además la sensación de incapacidad, el llanto fácil y la irritabilidad son algunos de ellos.
Cuando se ve deteriorada, es necesario tomar medidas para que no se afecten las relaciones familiares, con el bebé y consigo misma.