¿Es malo cargar a tu bebé todo el tiempo?

Muchas madres temen que al alzar a sus pequeños se “malacostumbren”. Expertos aclaran dudas. 

Cargara al bebé

Alzar a tu pequeño para consolarlo cuando llora o cuando te estira los brazos es una práctica común. No te asustes por lo que digan los demás, cada vez que lo cargas le demuestras que lo amas.

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Por: ABCdelbebe.com
abril 25 de 2019 , 10:55 a.m.

“¡No sé qué hacer! Mi mamá, mi abuela, mis amigas…todo el mundo me dice que no cargue tanto a mi bebé pero yo no soporto ver su carita de tristeza y no alzarlo cuando llora. Es mi primer bebé, tiene 5 meses, y quisiera tenerlo todo el tiempo junto a mí pero me dicen que lo estoy acostumbrando a mal. Me preocupa que se vuelva malcriado ¡Ayuda!”.

Así fue como Cleo Murcia, una seguidora de la fanpage del ABC del Bebé nos relataba su angustia por no saber si cargar a su pequeño en brazos era bueno o malo para su desarrollo.

Seguro tú también has escuchado hablar del tema: se dice que a los niños no se les debe cargar cada vez que lloran, porque no aprenden a manejar la frustración; que si se acostumbran a los brazos de la madre no van a querer estar con nadie más y se vuelven excesivamente “consentidos”; o que si los cargas cada vez que lo piden crecen siendo caprichosos.

“Nada de eso es cierto” afirma contundentemente el psicólogo infantil Ángel Ramiro García. “A lo único que se puede acostumbrar un niño que es cargado en brazos es a sentirse amado por sus padres. No hay nada que beneficie más el desarrollo emocional de un niño que el contacto físico, el afecto y el apego a sus progenitores”, señala el especialista.

Pero, ¿Por qué los bebés y niños pequeños buscan ser cargados? Para Darío Botero Cadavid, médico pediatra y puericultor de la Clínica La Colina, dado que la necesidad de cargar a los bebés, generalmente, está determinada por la respuesta ante el llanto del pequeño, lo primero que hay que entender es que ese llanto tiene una función expresiva: “es la primera forma de comunicación del niño con su medio externo y con su familia para indicar hambre, sueño, frío, necesidad de afecto, de protección, etc.”, afirma el doctor, y cita a Ross Thompson, profesor del departamento de psicología de la Universidad de California, Estados Unidos, para advertir que los padres deben comprender que su pequeño hijo simplemente es incapaz de controlar sus emociones y que no llora por capricho o rebeldía sino porque así se comunica, así que de nada sirve decirle que se calme, porque su cerebro todavía es incapaz de responder a esa instrucción.

Ahora bien, desde el plano emocional, el psicólogo Ángel R. García sostiene que los niños pequeños buscan ser cargados porque solicitan la presencia, la atención y la protección de sus padres “como ocurre en la naturaleza cuando las crías de los animales se sienten en peligro y llaman o buscan acercarse a su mamá, el bebé se siente un peligro de vida, y como reacción a esa amenaza el cerebro del bebé aumenta la secreción de cortisol, la hormona del estrés”.

A su vez, el pediatra Álvaro Jácome llama la atención sobre un aspecto clave que debe ser tenido en cuenta: durante los primeros meses de vida, los niños conocen su entorno a través de las sensaciones que les produce el tacto, el movimiento y la audición, dado que su visión aún está muy limitada porque es de los últimos sentidos que se desarrolla. Por ello, la percepción física inmediata es su único contacto con el mundo y les ofrece toda una gama de sensaciones que, de una u otra manera, dan respuesta a sus necesidades. De este modo “el estar sin contacto físico es una situación que genera mucho estrés a los bebés, y el ser cargados es una actividad que les ofrece consuelo y esas respuestas que buscan”, explica Jácome.

Los efectos adversos
Cargar al bebé

Tener a tu pequeño en tus brazos refuerza los vínculos afectivos y favorece su desarrollo neuronal, además de fortalecer su autoestima.

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Por experiencia personal, muchas madres afirman que dejar llorando a sus niños en la cuna o en el cochecito durante un rato les ha demostrado que los niños sí son capaces de calmarse por sí solos y les ha ayudado a aprender a no recibir respuesta inmediata a sus demandas.

No obstante, la visión de los expertos es bien diferente: “En realidad, los niños no están aprendiendo a autocontrolarse sino que se están resignando a no recibir atención ni afecto. El resultado es que, con el tiempo, efectivamente, llorará menos pero también tendrá mayor desapego emocional. Eso, a mi parecer, es bastante triste e impacta terriblemente el desarrollo afectivo y psicosocial del menor”, sostiene García.

Y es que las consecuencias a largo plazo de dejar que un niño llore por no querer cargarlo son impactantes y han sido documentadas por la ciencia. De hecho, una investigación desarrollada recientemente por el Departamento de Psicología de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos) reveló que cuando los niños no encuentran contención física a su llanto en forma de arrullo, abrazos y caricias, tienden a ser personas con dificultades emocionales, menos empáticas, más ansiosas y reactivas al estrés, a quienes les cuesta más trabajo auto tranquilizarse e incluso, depresivas.

Por ello, los investigadores animan a los padres a cargar y consolar a sus bebés. “Lo que hacen los padres en los primeros meses afecta realmente la forma en que el cerebro se desarrolla. Si un bebé no tiene lo que espera o necesita, todos sus sistemas comenzarán a trabajar bajo estrés y esto impactará en el desarrollo de su sistema nervioso lo que, a largo plazo, creará personas más irritables y estresadas”, dicen los líderes del estudio.

Lo anterior explica, como lo sostiene el doctor Darío Botero, porqué “cargar a un bebé fomenta su desarrollo neuronal y ayuda a fortalecer su autoestima por el contacto estrecho con su familia significativa. El hecho de sentirse querido promueve su independencia y seguridad y, en términos generales, favorece varios de los elementos para un óptimo desarrollo físico y psicológico del niño”, afirma.