Once consejos para que tus hijos se sientan amados, felices y seguros

En el Mes de los Niños, te damos claves para que la crianza de tus pequeños resulte exitosa.

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Haz del juego tu mejor aliado. Es el medio de contacto más eficaz de intercambio y comunicación con tu hijo.

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Por: ABCdelbebe.com
abril 29 de 2019 , 04:05 p.m.

Más allá de llenar a tus hijos de regalos y objetos materiales, lo que ellos en verdad necesitan es que se les garanticen sus derechos, que se les brinde amor, seguridad, confianza, comprensión y mucho respeto.
Por eso, el Día de los niños también conocido como el ´'Día Internacional del Niño'  no solo es una celebración que resalta el papel de la primera infancia en nuestra sociedad, sino que también es un llamado para que los adultos promuevan y protejan los derechos de los niños y desarrollen acciones y actividades que garanticen su bienestar.

¿Cómo lograr que nuestros pequeños crezcan en ambientes saludables? Ivonne Grau y Leonardo Ortega, psicólogos de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz dan a los padres 11 consejos infalibles para criar niños que se sientan amados, felices y seguros.

  • Aplica la técnica de las tres ‘S’
    See (Ver): bríndale atención positiva y permítele participar en los acuerdos familiares y las decisiones.
    Safe (Seguro): hazlo sentir a salvo, abrázalo y exprésale que las cosas están bien y pueden mejorar.
    Safety (Seguridad): protéjelo pero bríndale la seguridad para que explore, se atreva, experimente y crezca.
  • Evita rotular a tus hijos. Los niños no son malos, ni buenos, ni malcriados, ni manipuladores; solo buscan ponerse a salvo y adaptarse a lo que sus entornos les ofrecen. Mejor describe su conducta, por ejemplo, en lugar de decir "eres un niño llorón y malcriado", dile: "veo que lloras porque quieres un tiempo más en el parque", "¿estás molesto porque tienes que ir a la cama?
  • Negocia con ellos. Puedes darles un control percibido con frases como "¿Crees que tres minutos más o dos lanzadas más por el rodadero te ayudará a sentirte mejor?", "¿te quieres ir a dormir ya o en 5 minutos?"
  • Recuerda que el niño es un ser humano y que está aprendiendo a regular sus emociones. No le pidas al niño hacer algo para lo cual no está listo o algo que tú mismo, muchas veces eres incapaz de hacer. No le pidas que entre en razón, que se calme, que se coma todo, que esté siempre listo a obedecer, que nunca esté bravo o triste. Recuerda que el niño es un ser humano.
  • Expresa con tus ojos. Haz que tu mirada hacia tu hijo sea acogedora y suave. No uses miradas ni gestos para intimidar, amenazar, menospreciar o humillar al niño. No olvides que tu expresión facial será el rostro que recordará toda su vida.  
  • Pon límites. No caigas en la trampa de creer que para corregir hay que lastimar y romper los lazos afectivos con el niño como dejarlo llorar, aislarlo en su cuarto, hacerlo sentir miserable e inmerecido de tu amor. Por el contrario, comunícale siempre que lo amas y que es su conducta es lo que, en realidad, tú desapruebas. Ahora bien, reconócele verbal o físicamente su intento y sus logros. No lo compares a menos que sea con él mismo “te estás comportando mejor que hace un momento, te felicito.”
  • Anticípale actividades y no lo cojas de sorpresa con ráfagas de órdenes.  Dale tiempo y prepáralo para la acción cuando desees que haga algo. Por ejemplo, en lugar de decirle "Ven ya mismo a almorzar", dile: "En 5 minutos vienes a la mesa para almorzar. Termina tu juego y recoge tus juguetes". Así mismo, cuéntale las decisiones y, cuando sea factible, permítele participar de ellas (hoy iremos al médico, más tarde vendrá la abuela, hoy saldremos de viaje, etc.).
  • Acompáñalo, pero no vivas por él. El amor puede incapacitar y no queremos eso. Aníma a tu pequeño, dale pequeñas ayudas, empodéralo en la acción y de, vez en vez, mímalo. 
  • Haz del juego tu mejor aliado. Es el medio de contacto más eficaz de intercambio y comunicación con tu hijo. Aprende a jugar con él, no cambieS sus reglas, diviértete, ajústate y no le des órdenes.
  • Alivia su cerebro estresado. Cuando los niños están abrumados o no saben cómo responder a situaciones necesitan que los adultos los sumemos a nuestra calma, que seamos el cerebro que apacigua, no el que se une a su caos. Como padres debemos ejercitarnos en paciencia, en la capacidad de ver desde sus ojos, sentir con su corazón y terminar de construir ese cerebro inacabado con los mejores recursos, dos de ellos, el conocimiento y el amor.