De la dependencia a la autonomía

Aprender a caminar y a hablar son hitos en el desarrollo del bebé que debes aprender a manejar. 

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Tu hijo ganará autonomía de acuerdo con sus habilidades y según su momento de desarrollo.

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Por: ABCdelbebe.com
agosto 08 de 2019 , 05:34 p.m.

Después del primer año de edad tu bebé tiene avances muy importantes en su desarrollo: aprende a caminar, a hablar y a descubrir nuevas habilidades y destrezas. Asimismo, sus sentidos maduran y su creatividad se convierte en una herramienta para la resolución de problemas. Tu pequeño entra en una etapa en la que no solo disfruta moverse, curiosear y explorar su mundo sino que, además, tiene energía de sobra. ¡Parece que nunca se cansara!

De ser un bebé dependiente, entra en una fase en la que quiere hacer todo por sí mismo, tomar sus propias decisiones y seguir sus propios criterios. Por eso, experimenta un deseo de independencia que se intensifica al mismo tiempo que se incrementan sus habilidades motoras. El gran cambio aquí: es la adquisición de autonomía.

La entrada de los 2 años es también conocida como la época del capricho y de los berrinches pues el niño quiere imponer su voluntad. De hecho, sostiene el neuropsicólogo Carlos Arturo Ojalvo, “es necesario entender que el desarrollo de todas estas capacidades va acompañado de la falta de conciencia por parte del niño, de sus propias limitaciones, lo que hace frecuente la aparición de conflictos entre lo que quiere y puede hacer, y los límites que le deben imponer los adultos. Por ende, las rabietas o pataletas son características de esta etapa ya que el pequeño se ve superado por sus propias emociones”, explica.

Para el especialista, lo más importante es que los padres no se angustien si las pataletas se hacen más frecuentes y la terquedad aparece, pues el niño las usará para conseguir lo que quiere. “La paciencia en los padres será fundamental y debe estar acompañada de reglas que le indicarán al niño lo qué está bien y lo qué está mal. Aquí, el cambio relevante para la familia es que si bien el niño adquiere independencia y pedirá más espacio para hacer las cosas por sí solo, los padres, a su vez, deberán fijarle límites y normas claras de comportamiento”, aclara Ojalvo.

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Protege a tu pequeño cuando empiece a dar sus primeros pasos, para evitar que se haga daño, pero al mismo tiempo, déjalo que cuando caiga se intente levantar por sí mismo.

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En otras palabras, los adultos deben mostrarle al niño hasta dónde se puede llegar y cuáles pueden ser las consecuencias de sus acciones, sin ser demasiado restrictivos.

A su vez, los psicólogos infantiles coinciden en que en esta fase de desarrollo los niños deben comprender límites claros aprovechando que, con el desarrollo del habla, también son capaces de comprender algunas órdenes verbales que giren en torno a tres aspectos básicos: el primero, su seguridad personal y cómo evitar accidentes (lo que pueden y no pueden hacer al moverse por ciertos espacios); el segundo, sus responsabilidades (según su edad, como recoger sus juguetes después de usarlos, ir a dormir cuando sus padres lo indican, comer en la mesa con los adultos, lavarse los dientes…) y, por último, el respecto por las figuras de autoridad (pedir las cosas sin gritar, seguir indicaciones, obedecer cuando se les dice “no”, etc.).

Así, si los niños saben con anticipación hasta dónde se les permite llegar, se frustrarán menos cuando se les impide hacer algo y empezarán a regular sus emociones al respecto.

Aprovechar la independencia
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Los primeros aprendizajes de tu bebé durante su desarrollo serán determinantes para relacionarse con el entorno.

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“Lo que sí es muy importante es acompañar al niño en ese proceso y no pedirle más de la cuenta”- advierte. María Carolina Sánchez Thorin, psicóloga y experta en desarrollo infantil, quien señala que, a medida que el niño crece y se va haciendo consciente de sus propias habilidades, empieza a pedir su propia independencia y es deber de los padres ‘soltar la cuerda’ sin presionar ni sobreproteger

De acuerdo con Sánchez Thorin, es común ver que a los padres “les cuesta” aceptar esta fase de cambios y continúan tratándolos como si aún fueran bebés. “Los adultos no deben hacer por los hijos lo que ellos ya son capaces de hacer, es muy importante ayudarles a enfrentar el mundo con sus propios conocimientos y habilidades. Los niños necesitan equivocarse y fracasar porque, al final, superar obstáculos es lo que los hará sentirse autónomos y libres”, señala la psicóloga.

Por su parte, Ximena Silva, psicóloga sistémica y transpersonal, explica que la independencia es fundamental para que los niños se sientan seguros porque a medida que logran cosas nuevas ganan confianza en sí mismos. De allí que, cuando los padres sobreprotegen a sus hijos, explica Silva, estos pueden ser inseguros y en el futuro presentar ansiedad y ser temerosos o crecer creyendo que el mundo es intimidador, y que al enfrentarlo es probable que este les cause daño.

Después de cierta edad, los pequeños ya puede entender órdenes sobre su seguridad, sus responsabilidades y el respecto por las figuras de autoridad

En este proceso los padres también experimentan una “liberación de ciertas cargas”, pues pasan de tener un bebé que depende ciento por ciento de ellos para poder satisfacer sus necesidades, a tener a un pequeño que empieza a controlar esfínteres, a ir al baño por su cuenta, se viste solito (aunque no lo haga del todo bien), es capaz de comunicarse para hacer peticiones y hacer saber lo que quiere, y, en definitiva, empieza a valerse por sí mismo. 

Esto implica unos cambios en la forma en que los padres atienden esas nuevas necesidades, pues en lugar de hacer las cosas por ellos, ahora deben guiar, supervisar y apoyar el desempeño del niño con disciplina y amor.